jueves 28 de enero de 2010
un día en el parque
Y, después de esperar largos minutos, aparece él. Un gentleman. Cada detalle calculado, la camisa, los suspensores, una corbata que denota la solemnidad de aquel momento, abrigo y, claro, su sombrero chaplinesco y cool. Me toma del brazo –del otro el bastón- y bajamos los 10 pisos del edificio de Dr Fleming, para que él comente algo de los hinchas del Real Madrid, mientras empieza nuestro paseo por su barrio de tantos años.
-“Es que no me entero, cuántos años tienes?”
–“Tengo 24 años, Fofó.”
–“Ah, pues nunca me lo habías dicho…”. Sonrío.
–“Viste lo vieja que soy?”
– “Pues me han dicho que tienes un novio estupendo.”
–“No, Fofó, no tengo novio.”
–“Anda niña, qué me dices?! Le has dejado?”
Y como es la tercera vez que me lo pregunta hoy, decido que voy a inventar un nuevo romance con cada cuadra que avancemos. Y le digo que corté con mi novio antes de venir a España, porque las cosas a distancia no funcionan.
–“Anda qué dices! Y a qué se dedica?”.
Ya le he contado el cuento de un artista bohemio que me lleva flores siempre, de un ingeniero aficionado a la poesía; podría decirle que fue a la luna con Niel Armstrong o que es el vocalista de The Strokes, pero lo dejaré para la próxima.
-“Seguro el pobre chaval te está esperando”.
–“Pero, Fofó, seguro algún día nos reencontraremos y estará todo bien”.
Al final, creo que eso es lo que le gusta oir: historias de amor tortuosas -en que hago sufrir a los hombres como Gwyneth Paltrow en Grandes Esperanzas- que concluirán, como me ha dicho tantas veces, con mi encuentro com ÉL (el Stroke, quizás…) bebiendo cervezas en el bar del Bernabéu, y solucionando todas nuestras diferencias.
-“Pero le llevas en el corazón?” Y respondo que claro que sí.
–“Eso es muy importante.”
Silencio.
-“Ha de ser un tipo cojonudo. Si quieres lo llamo para que te venga a ver”…
Jamás me habría imaginado que iba a estar con él así, caminando del brazo al parque, mientras me habla de los niños de ahora que no son como los de antes –“Ves un chaval de un año y médio que te mira y se descojona. Es verdad. Y opinan y todo”.
Y me acuerdo de él, con su vozarrón recitando a Ruben Darío en la terraza de Alicante, y el “Verde que te quiero verde” del Romancero Gitano –que sigue en su despacho, pero ya tiene mi nombre- cuán García Lorca, pero advirtiéndome en voz baja que no era para señoritas.
Por años funcionario de Naciones Unidas, tuvo que hacer patria en Estados Unidos, Sudamérica e incluso por años en Irak, donde le tocó recibir un telegrama de mi primerizo padre informándole que había nacido su primer nieto que lleva su nombre. Acto seguido, mi madre recibió uno de sus más importantes regalos: un anillo con la inscripción “Santiago-Madrid-Bagdad”.
Encargado del pabellón de España en la Expo de Sevilla del ’92, logró que nos metieran a Juano, la Paula y a mí, a un túnel lleno de dulces, exclusividad de los hijos de funcionários; y fue nuestro mentor para que con Juano escribiéramos nuestro primer libro “Pajarracos de Sevilla”.
Hoy me da la mano y camina conmigo hablándome del amor y del futuro.
Ayer me dijo que seguro yo iba a ser una importante ministra chilena –esto, a pito del triunfo de Piñera y el woman power de la Bachelet - . Ahora me pregunta nuevamente y, aunque sé que para él las palabras se desvanecen en segundos, le empiezo a contar que no tengo idea qué será de mi vida, que todavia no decido mucho, que me gustaría tener más seguridades. A lo que me contesta que tengo que ver qué es lo que me gusta.
-“Mira, por ejemplo, a mi siempre me han gustado mucho los animales. Todos: terrestres, acuáticos, voladores; y me dan igual las ventanas”.
Mira tú. Aunque en el momento tuve que intentar poner cara seria, sigo intentando encontrar una metáfora en esa frase.
Y ya en el parque –que debe ser para él como llegar al Nirvana- agradece a Esperanza Aguirre, “una mujer magnífica”, que por lo visto tuvo algo que ver con la construcción del lugar aquél; y saca el poeta que lleva dentro para exclamar “Estos bancos me dicen tanto…”, al mirar la avenida con sillitas de madera.
Y empieza a hablarme de su vida, o de lo que intenta encontrar en un baúl que está casi siempre con muchos candados.
Me habla de la Fofí, de sus hermanos que adora, despotrica contra las autoridades eclesiásticas.
Y lo ayudo cuando veo su cara de desconcierto al olvidar los nombres de sus hijos. De mayor a menor, le nombro a los 6, y le explico en qué lugar del mundo está cada uno.
–“Y como sabes tú estas cosas que eres tan joven? Qué memoria tienes, niña!”. Intenta repetirlos, sin dejar que lo ayude y, al lograrlo me mira fijo y me dice: “Me has traído la luz”.
-“Esto de envejecer es un coñazo!”
-“Entonces, Fofó, vive el presente, no importa lo demás. Piensa que estás con tu nieta que te adora en un precioso dia en Madrid…”
-“No sabes la ilusión que me hace que estés aqui.”
Y con cara triste: “Pero dentro de un rato voy a haberlo olvidado y diré: ‘estuve de paseo com una muchacha estupenda, pero no sé como se llama ni quién es’….”
Y cuando voy a ponerme yo triste, para del todo. Se ríe fuerte mirando a las palomas de un edifício, y comenta lo cachondas que son, siempre todas juntas de fiesta.
Y muy contento, me da la mano y retomamos el camino a casa.
-”Niña, nunca me lo has dicho… Cuántos años tienes?”
-“Tengo 24 años, Fofó.”
-“Pues me han dicho que tienes un novio estupendo.”
No sé si viene un abogado exitoso, un hippie que hace collares de conchitas en Máncora, tal vez Nadal. Solo espero que aún queden mil paseos e historias que contarle…
domingo 24 de agosto de 2008
de nostalgias y cafeteras
Tenía toda la intención de que mi próximo post –ahora ya libre de la “obligación” de relacionar los relatos casuales con plataformas colaborativas, podcaster o los beneficios de la web 2.0- fuera uno más bien naive (como dice Warning) sobre mi barrio; con esa sensación que a veces a uno le baja (o será sólo a mí?) de una extraña nostalgia por lo que aún uno tiene, pero que sabe que a futuro va a echar de menos…
Pretendía empezar el recorrido con música de fondo de los Beatles, un “There are places I 'll remember, all my life, though some have changed (…)” por detrás. Hablar de San Crescente, con algunas casas campestres sobreviviendo aún entre edificios grandes, un gran sector ocupado por el Stade Francés, un minuto de fama cuando De la Maza quiso encerrarnos en toque de queda automovilístico….
Del edificio donde vivo, lleno de personajes geniales y cuentos para un buen guión de Alex de la Iglesia. Del legendario kiosko “La Elsita”, siempre apañador y que, gracias a nosotros (y con un muy buen sentido de negocio), ya sólo vende kegoles de plátano. Del florero de la esquina, Américo, que de vez en cuando me ha regalado una flor; y de cómo me encanta dormirme en mi pieza del cuarto escuchando el entrenamiento de los rugbistas del Stade -considerado casi el patio del edificio- y haciendo unos gritos de equipo que le dan un toque wild al silencio nocturno de este barrio de residentes mayoritariamente en edad senil.
Sin embargo, hace un par de semanas toda la volada introspectiva, seudo nostálgica, sentimental o como quieran llamarla –tal vez resultado de haberme reencontrado con la poesía últimamente, leyendo los Campos de Castilla de Antonio Machado, y pensando en las conversaciones con la Jose Poblete en Pinares, con vodka tónica y Neruda para la sobremesa- fue boicoteada por algo tan concreto que hizo que volviera al mundo real: un café.
Un año trabajado en Starbucks. Cliente frecuente del cortado con medialuna del Tomodachi y el café J. Miguel de la Barra. Transformando las cafeterías de Santiago en lugares de estudio, reunión y trivia. Viviendo 4 meses con 3 italianos que hacían tantas “moccas” al día como para estar eternamente despiertos, en un rave casero con Vasco Rossi.
Definitivamente no una amateur.
Lunes 4 de Agosto.
Me despierto con la motivación con que por lo general se da la bienvenida al semestre que empieza (y que hay que aprovechar mientras dura), me dispongo a tomar desayuno para empezar bien el día, como comercial de algún cereal de Quaker y….
“¡$%U&%//&/=/=%··%$·$!” ¿Qué pasó? Me traicionó la cafetera italiana. (En honor a su país de procedencia: va fan culo!!!!).
El destino quiso enseñarme lo que mi madre intentó enseñar, sin éxito, por años (“aléjate del fuego, que algún día te vas a quemar!”) Y bueno, bienvenido lo evidente: me quemé.
Lo “divertido” fue que casi todo el café me cayó en el tobillo y fue lo último de que me preocupé porque no me dolía; me rehusé en ir a urgencia porque “para qué perder el tiempo y $45.000 para que me pongan una cremita y una benda, nos ahorramos el cacho y lo hago yo sola”. Y, aunque mi herida era fea, me propuse ser una perfecta y pulcra enfermera y hacer una limpieza profunda todos los días, de lo más ER.
Después de tres días sin siquiera acordarme del incidente, me desperté el viernes sin casi poder caminar. Sin ninguna intención de cambiar mis planes me fui, colgando en una micro, a la casa de la Jose Alcalde que me esperaba a almorzar. Como me vio cojeando, me ofreció curarme mi herida con una super- crema- gringa-anestesiante, poción que aliviaría todos mis males. Pero su cara de espanto, cuando vio mi “tan bien cuidada” quemadura, me hizo darme cuenta de que ya suficiente automedicación, nada de cremitas: directo a la Clínica Alemana (y segundo hogar de años anteriores).
//En esta parte de la historia me alegro pensando en que, al menos, elegí bien mi vocación de Ingeniería Comercial, a pesar de estar toda la media en el electivo biólogo: de médico me muero de hambre. Mi curación: un proyecto de gangrena…//
Resultado: Llevo más de 2 semanas en reposo absoluto, después de una quemadura grado tres, que aparte se infectó por mi curación. Días de antibióticos, múltiples exámenes, 2 operaciones, anestesias generales, hospitalización, injerto, una terapia compresiva en mi quemadura y en el “sector dador” (del injerto) que dura un año y medio; y el Lunes empieza mi “rehabilitación” en Coaniquem!!! (aparte con mis casi 23 años seguro tengo que ponerme chapes para pasar piola…) Surrealista, no?
Días de doctores, analgésicos, pero también muchas buenísimas visitas de amigos que hicieron muy llevaderos los días en cama; libros, películas, comida en bandeja (antes exclusividad del Día del Niño), y un par de días en que uno no encuentra taaaaan inservible el elemento más extra del baño: el bidé (nunca he entendido bien para qué es…)
Así es como, paradójicamente, volví aún más atrás, a la época en que uno es 100% dependiente de la madre, olvidando la sensación de nostalgia por hoy. Y aterricé bruscamente, de la poesía de José Martí, a la inmovilidad de mi cama, para gozar y hasta maravillarme con las andanzas de Tony Soprano… (gracias Cata y Rooood)
Y todo por un café. Al menos podría haber sido algo más estelar. Qué sé yo…. Pero bueno, son los giros impredecibles de la vida!
Dudo que vuelva a mi post naïve. Irónicamente (según la primera intención del post) ni siquiera he podido caminar las últimas semanas por el barrio, ni tampoco lo haré la próxima. Seguro Américo y la Elsita me echan de menos. Los vecinos me traen chocolates, y hay una nueva historia para construir nuestro interminable guión.
Y aunque del post original queda poco, nada pierdo poniéndole la canción...
lunes 23 de junio de 2008
Jarvis tenía razón
Disney “tomó prestadas” las historias de Hans Christian Andersen y transformó a la Sirenita que me daba miedo -del libro amarillento que empezaba con “El traje del Emperador”- en la princesa que quería ser humana para estar con el príncipe Eric (el más guapo de todos); Gus Van Sant tomó la novela de Shakespeare, eligió a un Romeo con cara de guagua, y la llevó al Verona de los 90’s; Kodak se basó en los daguerrotipos de Louis Daguerre e inventó la forma de fotografía sencilla que conocemos hoy…
Hoy. Los doujinshi triunfan tomando elementos ilegalmente de la manga en Japón, bajamos música sin pagar a iTunes; debo confesar que tengo un hermano chico pirata, amigo de los dealers del Portal Lyon, con un playstation con juegos comprados a luca, y que vi la película de los Hermanos Coen antes de que la estrenaran en los cines nacionales (estoy aprovechando la libre expresión del blogger, y espero no ser penalizada por esto…).
¿Cómo es que los derechos de propiedad han cambiado tanto? ¿Cuándo fue que esto dejó de ser un fair play? Todo se hace hoy más difuso. Como canta Jarvis Cocker: "Those were Disney times"... (me intriga saber si se refiere a los años de Pulp, o si tal vez en su tiempo libre estudia tdm...)
Imposible no reírme acordándome de un conocido que no dejaba que le sacaran fotos porque “robaban el alma”. Siempre creí que era un excentricismo suyo (aunque no pongo en duda lo curioso del personaje), pero al parecer no era el único; y el autor me sorprende citando este ejemplo como uno de “piratería contra la persona”: el tomar algo de la propiedad de ella a través de una foto. Yo flipo. Pero como todo tiene su cuota de humor: Adivinen quien salió en la primera plana de un conocido diario nacional cuando vino Spencer Tunick a fotografiar la fisonomía chilena al Parque forestal! Ojalá que al menos haya tenido bien protegida el alma, porque no pudo esconder mucho más…
Ahora, con respecto a lo dicho por Lawrence Lessig sobre nuestra nueva cultura de internet -una en que los derechos de autor son más difusos y hay una nueva forma de comunicación, reunión y discusión que aún no está tan limitada por legislaciones; en donde aún podemos obsesionarnos, opinar, criticar y hablar de lo que queramos- he tomado una decisión (mientras dure esta segunda oportunidad de cultura libre):
//Voy a aprovechar mi condición de blogger para mejorar la democracia//
Y, por eso, aprovecho este espacio para comunicar al traductor que me reí mucho con lo de “los chavales”; para promover el incentivo de políticas de libre movilidad del trabajo para que nuestros abogados puedan ir a trabajar a Tokyo (insólito argumento el de que faltan abogados, o no?); para felicitar a mi hermano que ganó su partido de tenis ayer (y tiene a mi madre transformada en versión Tía Sonia reloaded); para animar a la selección española para triunfar en la Eurocopa o al menos llegar a la final para las prometidas sangrías en el Ibérico; y bueno, para agradecer la oportunidad académica de “irse en volá” con los posts en un ramo universitario…
Y bueno, desde ahora escribo sin nota…
jueves 12 de junio de 2008
Pajarracos de Sevilla: el regreso
Capítulo Segundo: Baldomera pide posada al balcón de la Fofí
En un próximo capítulo contaremos la historia de Federico Alejandro.
Capítulo Tercero: Evaristo, el pato glorioso
Capítulo Cuarto: El famoso viaje de Tiburcio al norte de España
Capítulo Quinto: Tiburcio conoce a Federico Alejandro
Capítulo Sexto: Tiburcio enferma por el bullicio de Madrid
Capítulo Séptimo: Por fin aire puro
Capítulo Octavo: Cantabria a la vista
Capítulo Noveno: ¡Sevilla ahí voy!
Décimo y último Capítulo: La fiesta
FIN
Nota del autor:
Finalmente aparece la obra maestra -después de intensas jornadas en el desorden de la bodega- en que mi coautor Juano, con quien hago esta publicación conjunta, decidió transportar esta historia de la infancia y aterrizarla hoy aquí.
Nos damos cuenta ahora de que el libro de meses y meses que tan eterno parecía, se traduce hoy en una página de blog. También que claramente el Fofó (Juan Ignacio Jiménez, en la primera página original) influyó más de lo que pensábamos, y que a los seis años los meses en Sevilla hacían que empezáramos a hablar como españoles...
Espero que esto sea impreso y llegue a las manos de mi abuelo, uno de los hombres más interesantes que he conocido en la vida, y que en "su despacho" del departamento en el Metro Bernabeu en Madrid, se sienta orgulloso de que hayamos sido tan buenos alumnos y le hayamos hecho caso con su "A triunfar!"
viernes 16 de mayo de 2008
//BONUS TRACK//
Moderna. “Cerca” (calificativo que, paradójicamente, tuve que adoptar, yo que vivo al lado del Metro del Golf). Gratis. Lo que quieran. Definitivamente no me gusta. Ni la música, ni las filas, ni el pique a la Plaza San Enrique, nada.
En todo caso, no es de este lugar de lo que quiero hablar, si no de lo bueno que es que no me guste y, por eso, me de lo mismo estar en pijama y lista para dormir un martes a las 10 pm. Si no fuera así, tal vez nunca habría llegado donde estoy….
Desde hace un par de semanas, dejé de ser una alumna de comercial cualquiera. Aunque mi status dice “alumna regular”, soy ahora aún más que eso. Me convertí en empresaria: TENGO UNA PYME.
Así. Tal cual. Una PyME familiar. En realidad una PE y no taaaaan familiar, porque sólo nos incluye a mi mamá y a mí, pero convengamos en que aún podemos denominarla así.
La idea surgió de mi inquieta madre quien, después de graduarse con honores de un curso de tres años en un instituto, y ya habiendo hecho todos los ramos existentes, pero con muchas amigas más novatas aún estudiando ahí, decidió volver al recinto, ahora con una nueva propuesta.
Recordó con nostalgia sus años de juventud, cuando con 24 años atendía el único quiosco de la Universidad Mayor de Renato Sánchez (y Juano y yo comíamos dulces, sintiéndonos importantísimos –los hijos del Decano y nosotros a la misma altura- en el cubículo de lata); y decidió así aventurarse, 22 años después, a un nuevo negocio: el almuerzo de los Miércoles para las viejas del CAE.
Así fue como yo, en múltiples trabajos domésticos en el último tiempo para ganar algo de plata, sufrí una transformación radical. Pasé de ser hija a socia comercial. De estudiante a empresaria. De despertarme a las 10:30 para llegar como siempre tarde a mi clase de Economía Internacional y que Lagos exclame “¡Ximena!”, a despertarme a las 6 am y estar a las 7:30 ya en el tercer café…
El asunto funciona así: Mi madre me despierta a las 6 am el Miércoles y está oscuro. Quiero llorar. A veces lloro en serio. Llego a la cocina, después de una ducha para despertar, mamá ya está con la actitud de un scout motivado empezando el día. Me pongo mi delantal escocés rojo, 3 tallas más grande que yo, que seguramente perteneció a una de tantas nanas que han pasado por aquí; un gorro igual a una gorra de baño y mi mamá me recuerda que he olvidado la mascarilla. Qué depresión. Por supuesto no me miro al espejo. Ahí si que lloraría en serio…
Y empieza la faena.
Parto cortando tomates, midiendo panes, calculando paltas. Al principio es full deprimente, pero voy agarrando vuelo, agradezco la compra de los cuchillos alemanes que cargamos por Barcelona y fueron causa de una gran multa por sobrepeso en Barajas;y ya empieza a amanecer. Cada vez la pega es menos terrible.
Y son las 7:30.
Me escondo para que no me vea el vecino del frente que seguro que se está levantando para ir a la pega. Es mi amigo, pero no tanto como para darle la confianza que implica mostrarme en esa pinta.
8 am.
Llega la nana nueva que lleva 2 semanas y estoy segura que piensa que estamos locas y que tal vez su sueldo está en juego por cómo nos vaya con las ventas. Nos encuentra ahí, con los gorros, mascarillas, y esos delantales horribles, escuchando Play fm porque mi madre ya me ha repetido por cuarta vez que la música de la Horizonte “es estridente”. Nada que hacer.
Y la cocina está llena de platos con palta en rodajas, quesillo cortado en láminas ínfimas, bolsas de panes integrales, etc. Y llena de cajas y cajitas plásticas para sándwiches, ensaladas, postres, salsas. Eso a mi mamá le encanta. Me confesó que está feliz, que se siente “jugando a las tacitas” (textual). Y me muestra lo linda que se ve la última versión de la ensalada griega que tanto éxito causó la semana pasada.
Somos ahora íntimas. De hecho, fue ella quien me dijo que escribiera en el blog sobre nuestra Pyme; e incluso, en un arrebato de locura, me dijo que fuera a buscar la cámara y nos sacáramos fotos! Lo prometido es deuda, pero con respecto a las fotos, la dignidad personal ante todo.
Sé que la descripción puede parecer a ratos deprimente, pero ¿qué cosas rescato?
1. Tengo algo de plata (no mucha, pero todo se agradece) para Santiago lúdico.
2. Soy íntima de mi madre.
3. Puedo invitar a mis amigos a tomar té con buenos sandwiches, aprovechando las economías de aprendizaje.
4. Tal vez sumo puntos en el currículum para encontrar un marido.
5. Con tanto tiempo para conversar, estoy gestionando un viaje familiar para Julio.
6. Puedo ver cómo es Santiago a las 6 am, sin alcohol en el cuerpo.
7. Como sándwiches y me ahorro el almuerzo.
…Lo malo es que estoy haciendo justo ahora un trabajo para el 305 A con Daily Fresh y han sido muy buena onda con nosotros, así que tengo que preocuparme de que mi Pyme no crezca tanto de aquí a que se termine el semestre, para no tener que escribir en el informe que mi mamá y yo somos una amenaza de competidores! Sería muy feo…
Porque, bueno, si John Lennon partió tocando en el patio de una iglesia; el dueño de Zara haciendo ropa en un taller enano; y el Conejo con un solo carrito de maní confitado; ¿Por qué no esperar grandes cosas para mi (aún sin nombre) Pyme familiar?
lunes 12 de mayo de 2008
Regresa el hijo pródigo
Mi destino estaba escrito desde que mi abuelo español me nombró la dibujante oficial del libro que con mi hermano mayor escribimos el verano del '91 en la capital andaluza. Teníamos 6 y 8 años, pero hicimos una obra maestra: "Pajarracos de Sevilla", sobre las aventuras de algunos pájaros que veíamos en el parque del frente.
Yo ya me sentía una Da Vinci (aunque seguro que mis pájaros eran harto más Picasso), y mi abuelo se encargó de ponerle notas a mis ilustraciones con frutas, en una escala de peras (equivalente a un 7) a uvas. Yo habría calificado de mangos a higos, pero qué mas da...
Después de eso, el tema artístico me fue encantando aún más, empecé a pedirle atriles
y óleos al Viejo Pascuero, a mandar tajetas a concursos, a tomar clases de pintura de regalo de cumpleaños, y a decorar la salita de la casa con mis cuadros de carboncillo.
Y aquí me tienen ahora. Todo un proyecto de Ingeniera Comercial....
¿QUÉ PASÓ?
Las vueltas de la vida. Tal vez la rebelión de primero medio, en que decidí que me había aburrido el arte y tomé sólo música en el colegio, molestando a mi familia con la Canción de la Alegría en la horrible flauta dulce.
...Pero esto no podía terminar así. Habría sido más triste que la película del dinosaurio huérfano que busca a sus abuelos, con la que todos lloramos en la infancia.
Tenía que existir una nueva oportunidad y, por suerte, ya está aquí...
¿¿¿Cómo fue que todos pasamos a transformarnos en diseñadores???
Increíble, pero cierto. El mundo digital nos permite ahora tener un rol genuino en la producción de los productos del futuro.
Tenemos ahora las herramientas para reescribir, crear, para "enchular" lo que queramos; desde el diseño de un auto, unos zapatos, hasta las funciones del Ipod o la invención de nuestros hits en base a éxitos existentes; incluso podemos llegar a ser directores de cortos en You Tube. Voy a cumplir el sueño de la infancia, ¿Cómo no saltar de felicidad?
Y la web no sólo permite que nos engrupamos con nuestro minor en diseño, arte o cine, sino que también nos ha permitido crear plataformas de la más amplia gama de temas, desde facilitar compras por internet, hasta buscar desaparecidos por un huracán. Increíble evidencia de lo que puede hacer la colaboración.
Ahora hay que hacerse cargo. Hay mucho por hacer. Muchas ideas que podemos llevar a la práctica, mucha legislación que conocer para no terminar presos por remixear, mucho por inventar.
Y tal vez hasta mi Pajarracos de Sevilla termina con dibujo digitales publicado en la red; y, si hacemos trampa, y los porotos que plantábamos en el colegio valen como árbol, me queda tener un hijo y ya puedo morir tranquila!

Parque María Luisa, Sevilla 1991
lunes 5 de mayo de 2008
Más vale tarde que nunca
Tres valientes tomaron el mando de organizar el macro evento, pero ¡ERROR! ¿Cómo no darse cuenta de que hay veces en que hay que ser más dictatorial y no preguntar cada mínimo detalle?
Nos convertimos en una massive online community (las Hermanas Siervas del Inmaculado Corazón de María estarían orgullosas de mi inglés...), de 120 mujeres, TODAS opinando distinto, alegando del bajo presupuesto estudiantil, del horario del evento para que pudieran asistir también "los sobrinos" (qué viejas estamos!); unas proponiendo un aperitivo con mozos y foie gras, y otras un asado buena onda con hamburguesas Procarne en el Intercomunal.
Me transformé en una master de encuestas doodle, tuve colapsado el mail por semanas y pensé en mandar a toda mi generación al spam; las organizadoras terminaron chatas por las milquinientas complicaciones, por la tacañería de algunas, lo ostentoso de otras; yo realmente agradecida de haber terminado con mi carrera política de CAA en cuarto medio y no tener que estar decidiendo la suerte de eventos de este tipo.
Finalmente se impuso la comitiva y fijó un asado para este Sábado, sin pedir más opiniones. De todas formas, confío en el éxito rotundo. Veremos qué pasa.
Pero por otra parte, no puedo no destacar iniciativas increíbles como My Space, flickr o WOW. Definitivamente aquí la apertura a la blogósfera ha dado ideas increíbles, rápido feedback y nos ha permitido formar parte de cosas que nos gustan, a las que antes habría sido muy difícil acceder. Quién sabe ahora si uno le deja un post a Bono en su facebook y lo toma para la próxima canción...
Y bueno, como delegada de generación (sé que nadie votó, pero confíen en lo que será esta dictadura), debo decirles que ya abriremos una instancia bien wiki donde puedan opinar de sus preferencias para el paseo de la última neurona o posible fiesta (o lo que quieran), ojalá con mejor suerte que la organización del asado generacional...















